lunes, 9 de octubre de 2017

Ideas para romper el muro

Soy, he sido y seré crítico con el trazo grueso, las conclusiones indocumentadas y la negación de los matices grises que hay entre el blanco y el negro. Cuando creo tener las cosas claras, no por ello dejo espacio para albergar sitio a las dudas. Cuanto dolor nos hubiéramos ahorrado en este país, supongo que en los demás también, si hubiéramos puesto un poco más de voluntad para comprender la postura del otro. 

Hijo de un perdedor de la guerra del 36, nací y crecí en un ambiente opositor que me situó irremediablemente del lado de los inconformistas. Estaba predestinado a formar parte de ese núcleo de beligerantes en pos de un cambio que permitiera otro gobierno, otra sociedad. Pero no por ello dejé de crecer pensando en que, más allá de donde mi visión alcanzaba, igual habría horizontes donde poder contrastar opinión. Tuve la gran suerte de viajar y, viajando, he llegado a aprender mucho más de lo que nunca llegué a imaginar.

Mis primeros viajes, siendo niño, marcaron en mí un afán viajero que ha perdurado. En casa teníamos familia exiliada en Francia y, como mi padre era ferroviario, de Madrid a Hendaya el tren nos salía de balde; fue así que pudimos permitirnos aquellos y otros viajes. Estando allí, recuerdo que mi padre se la pasaba comentando las diferencias con lo que teníamos en España. Para progreso, decía, aquel en el que hasta un albañil podía tener su propio coche; y todos los niños bicicleta, pensaba yo. El hombre atribuía la causa de nuestros males a lo mal que nos llevábamos unos españoles con otros, a la dificultad de aunar criterios y a la poca lucidez que denotaban nuestros políticos. ¿Les suena?...

Pasaron los años y la dictadura, y desgraciadamente también mi padre, desaparecieron. España tomó carrerilla y conseguimos que el país tuviera una realidad social muy comparable a la de nuestros vecinos. A trancas y barrancas conseguimos instaurar un sistema democrático que definitivamente nos equiparaba. Aún así, seguíamos diferenciándonos en algo muy determinante: España aún permanecía infectada por el virus perverso del nacionalismo, el central y el periférico. Consecuencia de ello, fuimos contabilizando atentados año tras año por parte de quienes el “hecho diferencial” entendían que se debía instaurar como un muro de salvaguarda y, además, por la fuerza; como si al conjunto de la población española pensante le importara que cada cual hiciera de su capa un sayo… Ni tan siquiera que la gente quisiera llenar sus bolsillos con el peso de las piedras de la ignorancia y el resentimiento; eso sí, todos pedíamos, rogábamos, para que no nos las tirasen a la cabeza. ¡Cuanto sufrimiento gratuito!… ¡Qué gran desenfoque de la visión de futuro!

Cuando por fin las pistolas de los pistoleros dejaron de matar, resulta que ahora se nos presenta de nuevo la fría sombra de un enfrentamiento que sólo lo sustentan las mentes simples contaminadas de odio y los egoístas acaparadores de poder y control. Y todo ello justificando la existencia de un “pueblo”… ¿Qué pueblo? ¿Cómo se delimita? ¿Sirve en el que vivo?... ¡Hala, ya está servida la ignominia en plato caliente!

Queridos amigos, un músico como yo que me he pasado la vida cantando al sentimiento universalista, no quería intervenir a este respecto porque creo que, todo lo que tenía que decir en mi vida, ya lo he dicho a través de las canciones. Pero llevo unos días fastidiado pensando que algo grave, de consecuencias inmanejables, se está cociendo dando forma a un guiso difícil de digerir, que, además de severo ardor de estómago traerá consigo mucho dolor de cabeza por la desafección de cientos de amigos, de familias… Y me duele. Sobre todo porque escucho intervenir en esa maldita cocina a gente que no me merece ningún crédito como chef, y sí que los veo como alquimistas errados, incapaces de poner encima de la mesa sustancia, ideas, en positivo para arreglar tamaño desaguisado.

En mi opinión, el problema en Cataluña no se va a resolver desde la sentimentalización de la política. No, precisamente ese es el problema: no entender que la política es sólo una forma de organizar la cosa común en una sociedad que así lo ha querido. Y nada más. Los sentimientos, experiencia individual, terminan diluyéndose en dogmas alejados de la razón cuando pasan a ser colectivos. Es ahí, en ese caldo de cultivo, que surge el nacionalismo transformando un sentimiento lícito de pertenencia pervirtiéndolo en un arma para golpear al vecino. Millones de muertos ha dejado en el siglo pasado la práctica de esta ideología obsoleta y nefasta. Me duele que aún haya jóvenes que la acojan como suya para acabar con el sistema. Les sugiero que, si realmente quieren cambiar las cosas, emprendan la revolución interior, se documenten, se acerquen sin miedo a la verdad de las cosas y ejerzan el derecho a decir “no”; incluso al poder y la influencia de las grandes corporaciones que han asfixiado su esperanza.

No pretendo en este artículo convencer a nadie, ni tampoco concluirlo sin aportar una sola idea en positivo; aunque más me hubiera gustado escucharla por parte de quienes tienen la posibilidad de llevarla a cabo.

En mi opinión España es un país que lleva mas de 200 años tratando de encontrarse. Pocos países, y conozco unos cuantos, se quiere tan poco a sí mismo. Bien, asumiendo esto como evidencia y principio, veamos qué se puede hacer.

En 1978 nos dimos una Constitución que ha servido de mucho, sin duda imperfecta según desde que lado se mire, pero no más que otras. Bien, llegados hasta aquí, toca reformarla. Y no sólo para dar acogida a las demandas de las insatisfacciones nacionalistas, no, sino para salvar la convivencia y, si ésta, después de todo, no se da, pues nada, inventemos otro país y ya, a otra cosa. Daré mi apoyo a la formación de la República Ibérica. Por ejemplo.

Modificaría la Carta Magna proponiendo el refrendo popular de la voluntad de autonomía que cada región quiera tener. Por poner un ejemplo: sería bueno saber si castellanos, extremeños, murcianos, madrileños… quieren tener su auto-gobierno o simplemente acceder a otro modelo en el que ser administrados de forma conjunta con otras regiones, igual de efectiva a pie de calle y, eso sí: más barata. Sí, ya sé que eso dejaría en el paro a muchos políticos, pero es que es de eso de lo que se trata: abaratar en la gestión haciéndola igual o más eficiente. Respecto de las comunidades llamadas “históricas” (no sé por qué las demás no lo son), que estas definan las competencias que requieren para sí salvaguardando el compromiso solidario que han de adquirir, en cuota alícuota con el conjunto, por los servicios compartidos como: defensa, orden público, comunicaciones e infraestructuras, etc. Plasmaría, en ese nuevo acuerdo, claro que sí, el derecho a decidir la pertenencia. Pero no sólo de una comunidad al conjunto de España, sino también de un municipio a una mancomunidad, de una mancomunidad a una comunidad autónoma. Sería lo más democrático, ¿o no? Y eso sí, para cualquier decisión de segregación o unión, se precisará la mayoría de dos tercios del censo afectado. No sería justo que un 50,1% de la ciudadanía, obligue al otro 49,9% a la ruptura de su status.

Aún habría que incluir en esa nueva Constitución muchos más aspectos que corrijan y mejoren lo que ya tenemos. De ello se encargaría, no el poder político, sino la concurrencia de un Consejo de Estado que incluya a las mentes que acrediten trayectoria y lucidez. La política es cosa muy seria como para dejarla en exclusiva en manos de los políticos. La nueva Carta Magna, por supuesto, deberá ser aprobada con el voto afirmativo de las dos terceras partes de la ciudadanía española y, caso de no conseguirse tal consenso, habría que seguir enmendándola hasta alcanzarlo.


Si alguien tiene una idea mejor para derribar este muro intolerante, que la aporte.

3 comentarios:

José Luis Martos dijo...

Comparto muchas de tus opiniones escritas aquí, solo decirte que desde que te conozco y las veces que hemos hablado,me transmites serenidad,y confianza y no te lo digo por quedar bien ni mucho menos, ojalá hubiera muchas mentes como la tuya pues creo que con criterio con sensatez y con la mente limpa y no enturbiada, se pueden lograr acuerdos y en definitiva vivir en paz, algo que por desgracia el ser humano no quiere lograr ya que nos miramos nuestro propio ombligo,muy buen blog amigo Julio.Un abrazo
José Martos

El Caminante dijo...

Querido Julio, me gustaría ser optimista y me parece muy coherente los planteamientos que aportas de una posible solución que también comparto. Como filósofo (reconozco que me cuesta ponerme ese calificativo) siempre intento ir más allá del hecho y buscar las posibles causas. Hace unos días escribí un texto sobre lo que desde mi punto de vista está conduciendo tanto en España como en otros países al auge de populismos, separatismos, nacionalismos y figuras mesiánicas que son lobos con piel de cordero. Dejo el texto por si te apetece leerlo (pido perdón por la extensión). Un abrazo y encantado de visitar tu blog.
(Lo dejo en dos partes pues es demasiado extenso.)

PARTE I

CATALUÑA VERSUS ESPAÑA O DOS TRAPITOS DE COLORES (EL PODRIDO NEOLIBERALISMO)
Cuando uno se pregunta por qué ahora, por qué en tantos países y por qué tanta gente a la fuerza tiene que buscar un "topos", un lugar común que sirva de precedente a los conflictos, miedos y divisiones que están surgiendo. El caso es que todos los caminos me llevan al mismo punto: esto que está pasando parte del gran fraude que supuso la aplicación del cancerígeno sistema neoliberal en gran parte del mundo (en España por el PSOE y el PP; el gran fraude fue Felipe González pues un socialismo por principios jamás podría aliarse con las élites financieras en contra de unos trabajadores ya de por sí maltratados; de Aznar evidentemente te lo esperas).
El sistema neoliberal simplemente hipotecó la ética a la economía de la forma más despreciable; es decir aplicando el lema del darwinismo social del siglo XIX que se amparaba en que el hombre era un ser egoísta por naturaleza y precisamente la consecución de ese egoísmo suponía la supervivencia de los más fuertes, que eran los que tenían que mandar y los demás obedecer; es decir, que aquellos que tenían más dinero y poder eran los más fuertes (una forma despreciable de falsificar o tergiversar los planteamientos darwinistas al llevar al ámbito sociológico lo que se daba en el ámbito biológico, que no tiene nada que ver; los sociólogos Spencer y en buena parte Galton, entre otros, fueron unos de los que apoyaron este sistema).
El neoliberalismo ha demostrado ser la tumba de la clase media, de los derechos laborales y del sindicalismo, entre otras cosas, y sobre todo de aquellas personas que ya tenían pocos medios para sobrevivir. Ante este hecho los partidos reaccionarios, los extremismos y populismos de derecha, partidos de presunta izquierda que se plegaron al neoliberalismo y figuras autoritarias (como Trump) han introducido el discurso de ser los salvadores y en su desesperación por perder lo poco que les va quedando los que están con el agua por la cintura y por el cuello se han volcado en ellos. Dirán que la culpa es de los inmigrantes, que la culpa es de la Unión Europea (organismo que ha mostrado su inutilidad a nivel ético pues no debemos olvidar que nació al amparo del ámbito económico y sigue en ello, en concreto entre los años 1950 y 1951 con la Comunidad Europea del Carbón y del Acero [CECA] que se plasmó en la firma del Tratado de París), que la culpa es del diferente, del homosexual, de las feministas, etc., y para colmo una izquierda seria y coherente (y solo encuentro serios los planteamientos de “la economía del bien común” de Christian Felber; desgraciadamente Podemos que tiene buenos planteamientos en su programa va dando bandazos, sobre todo porque algunos también quieren parte del pastel que en teoría era para los ciudadanos) y que podría formar la base de un camino futuro brilla por su ausencia en la práctica y se contradicen más de lo esperado entre lo que dicen, hacen, piensan y hasta sueñan (realmente triste). (El PSOE no puede dar ese paso porque está hipotecado a entidades bancarias, empresas y algún que otro lobby; por ello siempre está como la canción de Paco de Lucía, “entre dos aguas”, pero el salvavidas hecho con retales que los mantiene a flote lleva tiempo perdiendo aire por su empeño en negar lo que realmente son.)

El Caminante dijo...

PARTE II

La primera gran causa de lo que está ocurriendo es ese neoliberalismo que liberalizó el mercado con el resultado de beneficios fiscales para el asentamiento de empresas a costa de la opresión impositiva hacia los demás ciudadanos, que abogaba por la privatización de absolutamente todo, que incluía reformas laborales hasta convertir al trabajador en un esclavo de usar y tirar, que apoyó la desregulación financiera de manera que los bancos pudieran operar en cualquier parte del mundo con el dinero de sus clientes con el resultado de la gran crisis que nos vino gracias en gran parte a productos basura como las hipotecas "subprime", que despreció la ética al ejecutarla en manos de la economía con el resultado de convertir a los ciudadanos en piezas de maquinaria sin valor, que se basa en el consumismo como gran principio a costa de destrozar el medio ambiente o provocar cambios en el clima irreversibles, que proclamó la competitividad, el egoísmo y el individualismo como valores a seguir implantándolos en los propios planes educativos frente a la empatía, la solidaridad y el altruismo (recordar que el egoísmo no es la base del ser humano sino todo lo contrario, la empatía; esto se constató definitivamente gracias al descubrimiento en 1996 de las neuronas espejo por parte de Rizzolatti y su equipo; nuestro aprendizaje y conocimiento se rige por patrones altruistas, el egoísmo es un mecanismo secundario que se activa por supervivencia en situaciones extremas o, como es el caso, por educación impositiva, que era el mensaje del darwinismo social del siglo XIX, del neoliberalismo y de los gobiernos que defienden dicho sistema como PP, PSOE y Ciudadanos, entre otros).
Lo demás, lo que está ocurriendo fuera de España y en España viene rodado por el fracaso natural de este sistema que ha beneficiado a los más egoístas y con más poder y riqueza y hundido a la gran mayoría. Lo triste es que lejos de abrir los ojos el fanatismo se haya impuesto precisamente porque el analfabetismo unido a un consumismo cegador se enarbola como si fuera la bandera del hincha de un equipo de fútbol.
Pero para colmo dicho sistema neoliberal cancerígeno sigue en la base de estos "seudocambios", lo cual quiere decir que cortarán las ramas pero la raíz, que es lo verdaderamente podrido, seguirá intacta. Por eso a veces he dicho que solo hay dos salidas para una situación así, una desgraciadamente violenta, que es una revolución, y otra pacífica, que es la desobediencia civil, en concreto los planteamientos que apuntaba Thoreau.
Pero la anestesia consumista, el negocio bajo la apariencia de ocio se ha adueñado de todo. Tengo que recordar que el término "negocio" significa negación del ocio ("neg-ocio") y el origen de dicho ocio ("otium") era el tiempo de reposo, de inacción y placer, de alejarse de la ciudad, que era el lugar operativo de los que trabajaban y de las transacciones comerciales (negocios), y pasear por la naturaleza y reflexionar (lo que parece tan raro y todavía se hace en algunos pueblos). Hoy día todo es negocio, la gente se cree que al irse de vacaciones, al alojarse en un maravilloso hotel, al ver cualquier espectáculo o irse a una discoteca está ociando, pero no es cierto, simplemente ha negociado hacer una cosa a cambio de otra, dinero (la famosa "Guía del Ocio" debería llamarse "Guía del Negocio", hay que llamar a las cosas por su nombre aunque nos veamos afectados; la honradez debe estar por encima del interés; volvemos a lo mismo, la economía ha pasado por encima de la ética). La conclusión es clara, según los pasos que se van dando las cosas no mejorarán a nivel general, aunque se logren frenar algunos conflictos la cosa no irá a mejor; uno se da cuenta de que la mayoría de la gente no quiere aprender sino tener razón.
En los últimos días me he sentido reconfortado al ver reflejados estos mismos planteamientos en algunos artículos de un libro de autoría coral titulado "El gran retroceso", por si te interesa echarle un vistazo.